En el capitulo anterior hemos visto que la base fundamental del tratamiento de la obesidad consiste en suprimir los carbohidratos en forma transitoria. En su ausencia, o ingeridos en cantidades módicas, NO' es posible tornarse en un obeso, y que al suprimirlos comienza la perdida de peso.
Sabemos que con esto basta para lograr la reducción de la grasa corporal, pero no es lo ideal.
La obesidad lleva lentamente al sedentarismo, proceso durante el cual perdemos parte de nuestra flexibilidad y fuerza muscular, ya que durante el mismo cambiamos masa muscular por grasa en forma de depósitos adiposos.
Con la pérdida de peso lentamente vamos retornando a la normalidad, pero de no hacer ejercicio para recuperar la masa muscular perdida quedaremos con un déficit funcional que se traduce en esa carencia de fuerza.
Sin embargo eso no es todo lo que ocurre. Durante el tiempo en que fuimos incorporando kilogramos y dejando de lado la actividad física, nuestro sistema circulatorio ha ido deteriorándose progresivamente. Por falta de ejercicio el corazón pierde capacidad de contracción y resistencia al esfuerzo.
La idea es aprovechar la pérdida de peso que estamos logrando para incorporar gradualmente la actividad física con el fin de mejorar la función cardiaca y en general recuperar la fuerza muscular.
Al instaurar un plan sencillo de actividades físicas no solamente lograremos los dos propósitos mencionados; también la pérdida de peso diaria se incrementa notablemente.
De modo que el ejercicio físico puede considerarse como la segunda “pata” del tratamiento, si bien el mismo no resulta obligatorio para perder peso.
Existe un tercer componente en el tratamiento de la obesidad que consiste en la ingesta de vitaminas y minerales esenciales.
Esto no es estrictamente necesario, pero estos elementos intervienen activamente en el proceso de liberación de insulina, acelerando notoriamente el proceso de “quemado” de las grasas, y evitando los molestos calambres musculares nocturnos que suelen aparecer.
La creencia general es que las vitaminas engordan. En realidad las vitaminas ayudan a engordar cuando el paciente comete errores en la alimentación (como ocurre con la sobre ingesta de carbohidratos), o pueden ayudar a adelgazar cuando el plan de alimentación carece de los mismos.
En otras palabras; las vitaminas pueden hacernos engordar o adelgazar, pero eso no depende de las mismas, si no de lo que el paciente ingiera. Por lo tanto es conveniente tomarlas, ya que en dosis normales, además de favorecer la pérdida de peso y normalizar el metabolismo no presentan efectos tóxicos o colaterales.
Y ya que ha decidido hacer que su organismo funcione correctamente, añada a esas vitaminas los minerales esenciales necesarios para llevar a cabo una buena contracción muscular, incluyendo la del músculo cardiaco, además de mejorar el resto de su metabolismo.
La necesidad de incorporar algunos minerales específicos a la dieta humana es conocida desde hace varias décadas, y por ello la gran mayoría de complejos vitamínicos los trae ya incluidos en su fórmula. Mas adelante, cuanto entremos en el tema de las vitaminas y minerales le daré algunos ejemplos para que emplee como guía.
Continua.......
Dr. Daniel Stilmann.